martes, 9 de junio de 2009

Boletín N 1: La gerencia y el hombre del siglo XXI

Por Nelly Cottin de Castillo (profesoracottin@yahoo.com)

Gerencia del siglo XXI


Las empresas exitosas en el siglo XXI se caracterizan por tener una visión global del negocio y contar con un personal especializado, motivado; reconocen que el éxito de su gestión está en el éxito de sus empleados. Diseñan planes de desarrollo y crecimiento para su personal y diseñan políticas de compensación que estimulan la creatividad y el logro personal. Se están incrementando los diseños de negocio donde no necesariamente se requiere una sede fija para integrar al personal, sino que se trabaja a distancia y por supuesto se economizan gastos operativos, se incrementa la velocidad de respuesta y se minimizan las limitaciones geográficas para la contratación de personal especializado y se facilita la discrecionalidad en los tiempos de trabajo. Aquellas cuya estrategia de negocio lo exige, diseñan su estructura de trabajo en equipos, estimulan su desarrollo con planes orientados a ese fin y focalizan su atención al desarrollo de competencias personales que faciliten este tipo de gestión.

Sin embargo, cuando hablamos de la empresa, la empresa es un ente despersonalizado, en la que hay una junta directiva con directores que representan grupos o personas detrás de unas acciones… cuyo fin único es la rentabilidad de su inversión. Capitales sin patria, sin dueños, sin responsables ante las decisiones que afectan a su gente, al ambiente, al país en donde operan… organizaciones sin almas.

Eso sí, las empresas tienen su código de ética y valores en los que no faltan enunciados referidos al medio ambiente, a las comunidades y a su gente; pero al presentarse alguna situación donde deben tomar decisiones que podrían afectar su beneficio económico a corto, mediano o largo plazo, estas organizaciones dejan de ser “humanas” y consistentes con sus principios y se transforman en estructuras cosificadas por el pragmatismo inmediato y nadie responde por ellas: fue decisión de “la empresa”.

¿Cuáles han sido las consecuencias?

Diferencias insalvables entre grupos sociales, entre países y continentes donde operan, generando las grandes crisis del siglo XXI: migraciones incontroladas, discriminación racial, especulación financiera, escasez de bienes y servicios. Los principios y valores quedan de lado ante un envolvente pragmatismo.

El hombre de hoy


De acuerdo con investigaciones realizadas por la industria farmacéutica, en los países más desarrollados se venden más ansiolíticos; la gente es más infeliz, sufren de depresiones. En un mundo donde se han desarrollado tanto las comunicaciones estamos más aislados que nunca. En un mundo donde tenemos el conocimiento a la mano encontramos unos niveles de ignorancia insólitos en personas que ocupan posiciones gerenciales importantes. La especialización ha incrementado el desinterés por los campos del saber que no están directamente relacionados con su trabajo y se reducen a un mundo de lo inmediato, de lo aplicable, de lo pragmático. Estamos creando al hombre de estímulo-respuesta que responde a necesidades propias y su razón está en función de lo personal. La globalización ha llevado al triunfo de los fuertes sobre los débiles, se valen de políticas para vivir mejor sin importar a costa de qué.

Sin embargo, el hombre busca la perfección, tiene la inquietud de ser más porque la naturaleza humana está hecha para ese crecimiento, en búsqueda de la perfección.

Rescate del hombre para el siglo XXI


El mundo hacia el cual el ser humano trasciende a sí mismo, es un mundo pleno de sentidos y lleno de otros seres humanos.

Dijo Viktor Frankl: “La búsqueda de sentido de la vida se le presenta a todo hombre, es parte de su propia naturaleza. Y este sentido le viene manifestado desde afuera para abrirle su realidad trascendente, por tanto hay que estar abierto a esto porque el significado de la vida no se escoge, se descubre”. Y se descubre en el entorno donde nos toca vivir.

¿Dónde está lo trascendente del hombre de hoy? Tenemos que rescatar a ese hombre, revolucionando al mundo con valores y ética.

Los valores son nuestras referencias morales, sociales, familiares: las referencias de siempre. Desde el inicio de su existencia el hombre busca la verdad y el bien. Éstas se consiguen ejerciendo la libertad. Sin embargo, el hombre es un ser social que establece sus relaciones con el otro. La ética es la ciencia que muestra el modo correcto del actuar libre del ser humano, se refiere al comportamiento humano. Dice Ramón Ibarra Ramos: “El hombre pierde la ética porque es más fácil dejarse llevar por lo emocional, por la reacción instintiva de sobre vivencia y dejamos de lado la racionalidad”. Se pierde la ética por los resultados a corto plazo.

La ética es una competencia empresarial diferenciadora; predice claridad de propósitos y confiabilidad en la gestión; permite saber esperar mejores oportunidades, dominar las apetencias instintivas, aprender a tener disciplina.

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